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COPACABANA
COPACABANA
José Gobello: Conversando tangos. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor, 1976.
Julio de Caro viajó al Brasil en 1927 para tocar en el Copacabana Hotel, de Río
de Janeiro: De aquella actuación quedaron dos tangos. Uno se llama Copacabana y
lleva por subtítulo Nido de amor (1). El otro, más famoso, es Tierra querida
(2). De Copacabana los Astros del Tango dejaron, en 1958, una excelente
grabación. Esos Astros eran siete: Elvino Vardaro y Enrique Mario Franchini en
los violines, Mario Lalli en la viola, José Bragato en el cello, Rafael del
Bagno en el contrabajo, Julio Ahumada en el bandoneón y Jaime Gosis en el piano.
El octavo Astro -la octava maravilla del tango- era el arreglador Argentino
Galván. Se denominaba septimino -forma algo presuntuosa de decir septeto, o sea
conjunto de siete instrumentos- y aspiraban a hacer tango de cámara...
¿Qué es esto de tango de cámara? Música de cámara se llamó, en un principio, a
la que se ejecutaba en los salones de los palacios, por oposición a la ejecutada
en las iglesias o en los teatros. Ahora se caracteriza por estar interpretada
por un reducido número de instrumentos. En el caso de este septimino no puede
decirse que el número de intérpretes fuera reducido, puesto que eran siete, y
las famosas orquestas típicas que actuaban en los cines o en los cafés sólo
contaban, por lo general, con media docena de músicos. Lo de tango de cámara no
se refiere entonces, al número de ejecutantes. Lo que se quiere decir con tango
de cámara es que se trata de un tango musicalmente más refinado que el
corriente; un tango para ser escuchado por la gente culta y sensible. Tango de
cámara es una expresión que corresponde al proceso de intelectualización del
tango cuyo representante más conspicuo es ahora el señor Piazzolla.
¿Hasta dónde debe llegar ese refinamiento musical esa intelectualización? La
historia es la maestra de la vida. Por eso, conviene mirar al pasado. Siempre
hay que mirar al pasado cuando se buscan respuestas para el presente. Peguemos,
pues, un vistazo al pasado del tango a ver si podemos, después, contestar
aquella pregunta.
El tango nace en lugares de diversión popular, como una creación espontánea del
compadrito y, quizá, del hampón. La juventud dorada que también frecuentaba esos
lugares en tren de juerga, o por curiosidad, descubre allí al tango y se
aficiona a él, como más tarde se aficionarían los franceses. El tango pasa
entonces a los lugares donde esa juventud dorada se divierte, a los lugares in
de la aristocracia. Allí comienza el proceso de su refinamiento, cuyos adalides
son Cobián, De Caro y Fresedo -los Piazzolla de su tiempo-. Pero esa etapa
concluye, tal vez, al finalizar la década de 1940. Ni el pueblo ni la
aristocracia se desviven ya por el tango. Paralelamente surge un nuevo sector
social, una sedicente aristocracia de la inteligencia, compuesta por artistas
disconformistas, por seudointelectuales. El símbolo de esa cáfila, su templo de
Salomón, pudo haber sido el Instituto Di Tella. EI tango trató de conquistar
clientela en ese sector. Pero el proceso de refinamiento iniciado por Cobián,
por De Caro y por Fresedo había sido una respuesta al llamamiento de la
aristocracia, y el proceso de intelectualización que todavía persiste no es
respuesta a ningún llamamiento; al contrario, él mismo es un llamamiento que
aguarda la respuesta de ese sector -al parecer cada día más amplio, porque a
todo el mundo le gusta parecer inteligente y culto-; de ese sector
intelectualizante al que se dirige.
Los Astros del Tango y Argentino Galván deben ser considerados dentro de ese
proceso. Ellos dieron un tango para gente culta, pero un tango con sabor a
tango. Enseguida el proceso avanzó -el cambio se profundizó, las posiciones se
radicalizaron, habría que decir en la nueva cultiparla- y se llegó a
composiciones en las que el tango es apenas una vaga reminiscencia. ¿Qué pasará
cuando la crema de la seudointelectualidad le dé también ella, sus espaldas al
tango, como se las dio la aristocracia? Supongo que el tango recomenzará su
ciclo y tratará de retornar al pueblo. Y volverá entonces el viejo tango con
sabor a tango, como vuelven las cifras de una fracción periódica. Pero la
historia no se repite, y ya no volverá nada parecido a Canaro, ni siquiera a De
Caro. Quizá vuelva algo parecido a estos Astros del Tango que, para su suerte,
no trataron de avanzar más allá del tango y supieron preservar la esencia de la
tanguidad, porque se detuvieron en el límite preciso en que el tango pierde su
nombre (3).
1. Lleva letra de M. Rubio Penades.
2. Lleva letra de Luis Díaz.
3. "Argentino Galván concretó una de sus tantas iniciativas con miras siempre a
superar las formas musicales del tango, en la combinación del septimino 'Los
astros del tango'. Se trataba de reunir un pequeño número de calificados
instrumentistas, con afinidades temperamentales entre sí, abordando la
interpretación de páginas para ser tratadas con sentido esencialmente melódico,
respetando estrictamente las partituras originarias, sin más ornamentaciones
formales que una adecuada y sobria combinación de timbres sonoros." Luis Adolfo
Sierra, Historia de la orquesta típica, A. Peña Lillo, Editor. Buenos Aires,
1976, pág. 119.
Colaboración enviada por: Eduardo Serrano Orejuela
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