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GIRA EL DISCO
GIRA EL DISCO
José Gobello: Conversando tangos. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor, 1976.
Borges, en el prólogo que puso a los poemas de Osvaldo Rossler titulados Buenos
Aires (1) .prólogo no recogido, supongo que por cosas de la pequeñez humana, en
la recopilación de prólogos borgeanos., dijo que la versión lírica y elegiaca
que Rossler propone de Buenos Aires nace de una emoción personal, no de
percepciones parciales y laboriosas. Y el Maestro dijo todavía algo más: .Acaso
por primera vez unos versos nos dan el incierto sabor inconfundible de Buenos
Aires.. Desde luego, no todo lo que dice o piensa Borges es exacto sólo porque
él lo dice. Quandoque bonus dormitat Georgius... Sin embargo, Borges suele
equivocarse menos de lo que se supone y en su valoración de la poesía de Rossler
no parece que se haya equivocado.
Pero lo que se dice de los poemas de Osvaldo Rossler también puede decirse de
sus tangos. La poesía del tango es una poesía sui generis. Tiene sus
características, impone sus reglas. Por eso, se puede ser un gran poeta y no
acertar a escribir un tango, que es lo que le pasó a Marechal. Y se puede ser un
gran letrista de tango y un poeta mediocre, como Manzi. Es muy difícil que
alguien pueda reunir a un tiempo las dos condiciones; que alguien pueda volar
con igual soltura en las altas regiones a donde se remonta la poesía y en esas
otras más bajas, más próximas al hombre común, que son jurisdicción de las
letras de tango. Es raro el caso de alguien que sea poeta y tanguero a la vez,
que funda en una sola personalidad la del vate y la del letrista. María Luisa
Camelli es fina poeta y óptima tanguera, pero son dos las personalidades que
conviven en ella (acaso más de dos, pero hablo de las que aquí importan).
Nicolás Olivari encendió también una noche los cohetes retropropulso res de su
inspiración y descendió a la jurisdicción del tango para plantar allí una estaca
.La violeta. y remontar vuelo enseguida. Mi noble amigo Ben Molar, con el
propósito de dar al tango más encumbrada categoría, suele convocar a escritores
de nota .la aristocracia de las letras, como quien dice. para que escriban
letras de tango. El rédito artístico de esas empresas es, sin embargo, muy
magro; más de cuanto merecen las intenciones del promotor.
En realidad, sólo conozco dos casos en los que el tanguero no se desdobla del
poeta; en que la letra de tango no es asumida como una vocación, sino como un
ejercicio poético. Uno es Héctor Negro y el otro Osvaldo Rossler. Héctor Negro,
empero, suele responder a convocaciones extrapoéticas. Quizá por eso no fuerza
sus motores y vuela a media altura. Rossler vuela más alto; vuela a una altura
desde donde la miseria humana .que obsede a Negro. no impresiona más que el
Niágara visto desde la mirilla de una Apolo.
Escucho Gira el disco, de Rossler, en la grabación de Graciela Susana. Es una
elegía; es decir, un canto al bien perdido. En este caso el bien perdido es lo
que Rossler, con expresión tanguera, llama el tiempo viejo. También hay tangos
de Manzi que cantan al tiempo viejo. Barrio de tango, por ejemplo. Pero, como
dice Borges de Fernández Moreno, la poesía de Manzi es visual. Borges afirma
que Buenos Aires casi no existe para los ojos. No lo creo; para los ojos de
Manzi Buenos Aires existía. Para los míos, no mucho, porque a Buenos Aires, más
que verla, más que conocerla, yo la siento. Para Manzi, no; para Manzi Buenos
Aires era como una película documental. Supongo que a Manzi no le había sido
concedido con generosidad el don de la abstracción. En sus tangos, las
emociones se concretan, se materializan, tienen nombre propio: René, Juana la
rubia. Los tangos de Rossler, en cambio, igualmente elegiacos no son visuales.
Gira el disco dice:
Por allí desfila el tiempo viejo
la visión en carne y hueso...
De pronto pareciera que la emoción personal de Rossler va a corporizarse. La
visión en carne y hueso... ¿De quién? ¿De qué René? ¿De qué Juana la rubia? Nada
de eso...
La visión en carne y hueso de una lenta soledad...
Y así lo demás. Y así en lo demás la emoción personal que desplaza las
percepciones parciales. Nada distinto de cuanto dijo de los poemas de Rossler
podría decir Borges de los tangos de Rossler.
1 Osvaldo Rossler, Buenos Aires, Ediciones Taladriz, 1964.
Colaboración enviada por: Eduardo Serrano Orejuela
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