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GUAPOS DEL 900 (POEMA)
GUAPOS DEL 900 (POEMA)
Letra de Enrique Cadícamo
Poema publicado en el libro Viento que lleva y trae de Enrique Cadícamo.
Meregildo Sanchez
era un cuarteador de La Boca
que montaba un overo percherón,
usaba boina blanca
y en la oreja un malvón.
Pantalón bombilla,
botas acordeonadas,
blusa corralera
y pañuelo de seda
con sus iniciales bordadas.
Era valiente como las armas
y su fama
venía de noble rama:
descendía de una familia cuchillera.
Alguna vez tuvo un sangriento duelo.
Una hora peleando con el negro Gavilán,
hasta que el cuchillo se le fue mellando
de tanto tajear al taita de alquitrán.
Soplaban los vientos
de mil novecientos;
Meregildo Sanchez
tenía un amigo de su misma medida:
El Manco Enrique, hombre de mentas.
De niño había perdido un brazo
en la revolución del 90,
por una bala perdida
que le salió al paso.
Eran inseparables y se querían
porque el mismo coraje los unía.
Cómo sería de temido El Manco
que andaba en copas, medio en pedo,
a su paso
se iban cerrando de miedo
todos los boliches de La Boca.
Y como sería de impresionante
que cuando peleaba
no se le arrimaban
ni los vigilantes.
Se había comido a varios...
Con su melena, su altura
y su brazo amputado
parecía un corsario.
Una noche se armó una partida de truco
por plata chica,
en un almacén de la Boca
de un tal trabucco.
El Cuerudo y Mansilla
eran dos peligrosos
peleadores famosos
que de cualquier madera hacían astillas.
Meregildo y El Manco, sonrientes,
carteaban
mientras mojaban
sus gargeros en aguardiente.
Le sonreía la suerte a los dos mozos
y al dar de nuevo cartas Meregildo,
saltó El Cuerudo y le gritó: "tramposo.."
Inutil fue explicarle que no tenía ese vicio,
de que él, no jugaba al naipe con ventaja
y que en las timbas nunca sus manos ensuciaba
para cinchar baraja,
que tal vez fueran torpes para hacer un carteo,
pero honradas y habiles
para prender la cincha y hacer un buen cuarteo.
No se entendieron bien,
había que pelear,
la luz de querosén
comenzó a temblar.
Los parroquianos dejaron las mesas desiertas
y hasta Trabucco, esa noche ganó la puerta...
Relampaguearon cuatro cuchillos
a la luz de los candiles de tono amarillo.
El Manco copó el insulto de Mansilla
y le envió la hoja entre las costillas
y sin darle tiempo, en contados segundos,
lo levantó en su daga
y contra unas pipas de vino
lo tiró pataleando moribundo...
"Salgamos compañero, es el destino",
se oyó gritar a El Manco.
Alzaron sus rebenques
y en dos trancos
salieron al palenque,
saltaron a sus pingos
y al golpe tendido se perdieron.
Al poco rato,
pitadas policiales perforaban
el nocturno silencio de la Boca dormida
bajo la comba azul de un cielo delirante
por un furor de estrellas
y el blanco beneficio
de una luna en cuarto menguante.
Colaboración enviada por: ROTKEGEL
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