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FLOR DE FANGO
FLOR DE FANGO
Letra de Pascual Contursi
Musica de Augusto A. Gentile
Compuesto en 1917
Este es propiamente el primer tango que Gardel grabo en un disco si
bien aparecio en 1919 depues de "Mi noche triste". Fue cantado en el
sainete "El cabaret de Montmartre" de Alberto Novions.
José Gobello: Conversando tangos. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor, 1976.
La de Flor de Fango es una de las letras que Pascual Contursi comenzó a
escribir, hacia 1915, para tangos que no las tenían; en este caso, para El
desalojo, del pianista Augusto Gentile. Flor de Fango es la precursora de la
Milonguita de Linnig y de todas las sucesivas milonguitas a quienes las luces
malas del centro hicieron meter la pata. Y es también la versión lunfardesca de
la Caperucita Roja de Carriego, aquella perdida, desamorada, que, en el soneto
Por la ausente, hace ya cinco meses dejó el hogar. Carriego dedicó al tema de la
muchacha que deja el hogar media docena de poemas sentimentales. Creo que
Contursi mezcla, en curiosa calabriada, la ternura de Carriego con el cinismo
de la poesía prostibularia; de esa poesía de la que Lehmann Nitsche dejó un
florilegio (1) y que constituye, sin duda, el antecedente de la letra del
tango. Gardel grabó Flor de Fango en 1917. Pero el estreno oficial -por
llamarlo así- ocurrió dos años más tarde, el 25 de junio de 1919, en la
presentación de El cabaret Montmartre, una pieza cómica de Alberto Novión
representada en el teatro Nacional por la compañía Arata-Simari-Franco. Lo
cantó, en el segundo cuadro, María Luisa Notar, con la orquesta de Roberto
Firpo, y asistió al estreno un folletinista español, famoso entonces, Joaquín
Belda (2). Belda recogió sus impresiones en su folletín El compadrito, mamotreto
éste en el que documentó también otras curiosidades de aquella remota Buenos
Aires. "La música del tango -escribió- era la más voluptuosa y, al mismo tiempo,
la más elegante de cuantas se habían compuesto para piezas análogas; la
orquesta, que era la clásica orquesta criolla, colocada sobre una tribuna al
fondo del cabaret, lo tocaba con esa sabia lentitud con que se tocan los tangos
en la Argentina, y que en Europa se desconoce, dándoles un aire más zumbón y
más triste a un tiempo, que los hace altamente sugestivos". El folletinista se
refiere enseguida a la letra del tango, iniciando, a lo mejor, ese fácil
humorismo que hace reír a expensas de los poetas populares, de quienes creen que
deben reírse, inclusive aquellas personas que no saben hilvanar dos párrafos y
que todavía empiezan las cartas con eso de que deseo que al recibo de la
presente se encuentren bien de salud, nosotros bien gracias a Dios. Pero es
interesante lo que dice Belda sobre la forma de bailar el tango: "El fondo del
canto era la danza. Mientras aquella guapetona mujer, vestida con un traje
negro, muy corto por arriba y por abajo, cantaba todo aquello, a sus espaldas,
la rueda de bailarines ocupaba casi todo el escenario. Era el tango puro, el
tango en su propia salsa; nada de esos saltos de mono neurasténico o de esos
traspiés de borracho con que en Europa lo baila la mayoría de la gente. Había
aquí algunas parejas que lo bailaban estilo compadrito, es decir, el tango con
corte, muy ceñida la pareja, muy lentos, como si pensaran morirse en cada
figura, y haciendo detalles. A Villena eran los que más le gustaban: entendía
que ellos eran los que estaban más de acuerdo con el carácter de esta danza,
probablemente de procedencia española, los que la veían mejor, como debió ser en
su nacimiento: un baile lúbrico de gente despreocupada. Los otros, los
bailarines de salón, no dejaban de ser grandes artistas, revistiendo el baile de
una mayor finura, pero desnaturalizándolo un poco". Lo que vio bailar Joaquín
Belda aquella noche era el tango de cabaret; un tango agringado, pero, cosa
curiosa, los mismos gringos que aquí alisaron el tango, los que lo despojaron de
firuletes y arrequives hasta convertirlo en una cuasi conversación caminada, en
Europa lo siguieron bailando durante un tiempo como les habían enseñado a
bailarlo Ducasse, Saborido y otros profesores importados antes de la primera
guerra. La letra de Flor de Fango grabada por Gardel es algo más extensa que la
cantada más tarde por María Luisa Notar, que es la que quedó. Escuchando la
grabación que dejó, se puede advertir que Gardel no había descubierto todavía la
manera de cantar el tango. Canta la letra de Contursi con la velocidad del viejo
tango villoldeano. Quizá el mecanismo de la grabación tenga algo que ver con
ello. Pero el hecho es que cuando Gardel grabó Flor de Fango el tango canción se
estaba apenas inventando.
1. Víctor Borde [Robert Lehmann Nitsche], El Plata Folklore, Leipzig, 1923.
2. Joaquín Belda, El compadrito, Madrid, s/f., pág. 244.
NOTA DE EDUARDO ROMANO
Fue grabado por Carlos Gardel con la guitarra de José Ricardo, para el sello
Odeon (1919); posteriormente lo registró Rosita Quiroga con acompañamiento de
guitarras, en Víctor (12/25); Charlo lo grabó con acordeón y guitarras, sin
canto, en Odeon (1940); la orquesta de Florindo Sassone con la voz de Roberto
Chanel, lo llevó a la placa en Víctor (4/50); Alfredo De Angelis con Oscar
Larroca, en Odeon (5/51); también fue grabado por la orquesta dirigida por Juan
Carlos Howard con el cantor Carlos Bermúdez, en el sello Columbia.
Mina que te manyo de hace rato,
perdóname si te bato
de que yo te vi nacer.
Tu cuna fue un conventillo
alumbrao a querosén.
Justo a los catorce abriles
te entregaste a la farra,
las delicias del gotán.
Te gustaban las alhajas,
los vestidos a la moda
y las farras de champán.
Anduviste pelechada,
de sirvienta acompañada
pa' pasar por niña bien,
y de muchas envidiada
porque llevabas buen tren.
Y te hiciste chacadora,
luego fuiste la señora
de un comerciante mishé
que lo dejaste arruinado,
sin el vento y amurado
en la puerta de un café.
Después fuiste la amiguita
de un viejito boticario,
y el hijo de un comisario
todo el vento te chacó;
empezó tu decadencia,
las alhajas amuraste
y una piecita alquilaste
en una casa Âe pensión.
Te hiciste tonadillera,
pasaste ratos extraños
y a fuerza de desengaños
quedaste sin corazón.
Fue tu vida como un lirio
de congojas y martirios;
sólo un dolor te agobió:
no tenías en el mundo
ni un cariño ni un consuelo,
el amor de tu madre te faltó.
Fuiste papusa del fango
y las delicias del tango
te espiantaron del bulín;
los amigos te engrupieron
y ellos mismos te perdieron
noche a noche en el festín.
Colaboración enviada por: mandel
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