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DESENCANTO
DESENCANTO
Letra de Enrique Santos Discépolo
Letra de Luis César Amadori
Musica de Enrique Santos Discépolo
Observación: Fue interpretado por Tania, en 1937, en el film
"El pobre Pérez", realización de Luis César Amadori.
José Gobello: Conversando tangos. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor, 1976.
Aventuré alguna vez que el viejo tango al modo de Villoldo, juguetón y
escapista, podría estar más de acuerdo con la juventud de hoy que el tango
postcontursiano, melancólico y, a veces, definidamente lacrimoso. Entonces
alguien me replicó que la juventud de hoy ha dado las espaldas al tango porque
el tango no le ofrece respuesta alguna. "Aquel viejo tango de compadritos y
canfinfleros -ha añadido el replicante- tampoco puede ofrecérsela".
Supongo que ha de ser así, no más. Pero, para dar respuestas, hay que escuchar
preguntas. Y las preguntas que se escuchan ahora no son de orden metafísico, ni
ético; son de orden social: Hay un tango de Discépolo, estrenado por Tania en la
película El pobre Pérez, hace ya bastantes años, en 1937, que dice: "La vida es
tumba de ensueños / con cruces que abiertas preguntan pa qué". Ese pa qué es una
pregunta metafísica, teleológica: ¿Para qué vivir? ¿Para qué sufrir? ¿Para qué
amar? ¿Para qué, si la vida siempre se burla y hace pedazos mi canto y mi fe? El
tango parece partir de la persuasión de que la naturaleza humana es perversa; de
que el hombre tiene mala levadura, para decirlo con el verso de Darío que hoy
puede parecer cursi. Y, frente a la perversión de la naturaleza humana, levanta
valores éticos, es decir, morales, aunque no siempre correspondan a la moral
vigente. Si uno lo piensa bien, se da cuenta de que la cosa empieza con
Contursi, que es como empezar con el tango mismo. El primer tango popularizado
por Contursi, Mi noche triste, muestra con claridad la oposición a que me
refiero: frente a la deslealtad de la mujer, la lealtad del amante. No me
importa si Contursi quiso expresar exactamente eso u otra cosa: lo cierto es que
expresó eso. No siempre los poetas expresan lo que se proponen. La constante del
tango es esa oposición de valores éticos, que se mantiene en cualquier contexto
social o político: bajo el gobierno de la oligarquía, bajo el de los radicales,
bajo el peronismo; antes de la crisis y después de la crisis; antes de la guerra
y después de la guerra.
Quiero decir con esto que el tango -el tango tradicional, por lo menos- sólo
puede ofrecer respuestas en el territorio de lo ético; en ese territorio que es
un arrabal de la metafísica. A lo mejor -y es una conjetura que arriesgo- la
decadencia de la popularidad del tango es una consecuencia de la decadencia de
los valores éticos. En una época de divorcio y matrimonio grupal, la fidelidad
no tiene sentido alguno. En una época en que se mata por sorpresa, el coraje
físico resulta una antigualla. En una época de fractura generacional, la
viejita, la pobre viejita del tango, es sólo un fantasma. En una época en que
las afinidades electivas -por decirlo con Goethe- no se dan en el orden de la
conducta, sino en el de las ideologías, la amistad es un prejuicio castrador. Y
el tango, que expresa esos valores -la fidelidad, el coraje, el amor filial, la
amistad-, que los exalta, necesariamente tiene que correr la suerte de las cosas
obsoletas, la suerte de los viejos, que en casa molestan y los mandan a los
asilos.
Algunos creen que el tango debería abandonar esa categoría de valores para
adscribirse a los que están de moda, a los valores sociales, o ideológicos, como
hacen algunas canciones modernas, muy populares y rentables. Yo creo que no. Yo
creo que después de haber predicado la lealtad el tango tiene la obligación de
ser leal a sí mismo. Alguna vez recogerá el premio de su consecuencia. Porque el
hombre, tarde o temprano, volverá a los valores éticos. Algún día comprenderá
que no es el sistema el que nos empeora o nos mejora; que somos nosotros los que
mejoramos o empeoramos el sistema. Y entonces el porteño se confesará otra vez
con los viejos tangos.
NOTA DE EDUARDO ROMANO
Fue grabado por Tania con la orquesta de Enrique Santos Discépolo, para el sello
Víctor (1937); más tarde lo registró Alberto Marino con la orquesta de Emilio
Balcarce, en Odeón (1947); la orquesta de Juan D'Arienzo con la voz de Rodolfo
Lemos, en Víctor (1950); posteriormente lo grabaron Oscar Alonso con guitarras
(12/66) y Oscar Rondó con orquesta de Mario Demarco (1968), ambos en el sello
Odeón; luego Armando Pontier, con Oscar Ferrari, lo registró en Music-Hall
(1975).
Fue compuesto para la película de Argentina Sono Film El pobre Pérez, dirigida
por Luis César Amadori y protagonizada por Pepe Arias, Alicia Vignoli, José
Gola, Orestes Caviglia, Alicia Barrie, Tania y otras prestigiosas figuras, y
cuyo estreno tuvo lugar en el cine Monumental, el 10 de febrero de 1937.
¡Qué desencanto tan hondo,
qué desconsuelo brutal!..
Qué ganas de echarse en el suelo
y ponerse a llorar...
Cansao de ver la vida que siempre se burla
y hace pedazos mi canto y mi fe.
La vida es tumba de ensueños
con cruces que abiertas
preguntan: ¿Pa' qué?...
Y pensar que en mi niñez
tanto ambicioné y al soñar
forjé tanta ilusión.
Oigo a mi madre aún,
la oigo engañándome,
porque la vida me negó
las esperanzas que en la cuna
me cantó.
De lo ansiao sólo
alcancé un amor.
Y cuando lo alcancé,
me traicionó.
Yo hubiera dado la vida
para salvar la ilusión.
Fue el único sol de esperanza
que tuvo mi fe, mi amor.
Triste consuelo
del que nada alcanza.
Sueño bendito
que me hizo traición.
Yo vivo muerto hace mucho.
No siento ni escucho,
ni a mi corazón.
Colaboración enviada por: jbi
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