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APOLO
APOLO
José Gobello: Conversando tangos. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor, 1976.
Según los hermanos Bates (1), Apolo fue compuesto por Alfredo Bevilacqua en
1903. En 1902 Bevilacqua había escrito Venus. Bevilacqua no fue precisamente un
tanguero; fue un músico que escribió tangos y ejecutó tangos en su piano o con
las rondallas y bandas que dirigió. Comenzó a hacerlo -cuentan los Bates- en
1893. Como había nacido en 1874, es perfectamente posible que su debut haya
ocurrido aquel año (2). Pero, ¿qué tango era aquel que componía y ejecutaba
Bevilacqua a fines del siglo pasado? Al respecto, me propongo aportar enseguida
un testimonio que, por lo que sé, nunca ha sido citado. Aquí va. En setiembre
del año 1913 se realizó en el Palace Theatre un concurso de baile de tango. Un
cronista del diario Crítica, el mismo anónimo cronista que con el seudónimo
Viejo Tanguero había publicado, días antes, una invalorable historia del tango
(3), presenció aquel torneo y dejó una crónica de la segunda rueda (4).
Participaron los siguientes bailarines: Carlos Herrera, que acababa de regresar
de París donde había fracasado como profesor de tangos (5); Francisco Ducasse;
Argentino Podestá; Juan Serrano y un caballero a quien el cronista llama Benito
Biancheti y que no era otro que Ovidio José Bianquet, El Cachafaz (que por
entonces tenía ya 27 años). En aquella rueda se ejecutaron -dice el cronista,
aunque omite decir quién los ejecutó- los tangos -ya olvidados- Karakul,
L'Ecuyère y El tony. Pero lo que, interesa es el testimonio del Viejo Tanguero
que paso a transcribir: "La concurrencia, que seguía con verdadero interés el
desarrollo de la famosa danza, empezó a manifestar sus entusiasmos en cada
evolución o giro de los ejecutantes, batiendo palmas cuando Bianchete (sic) se
floreaba con una sentadita o una de esas carreritas que tanto acentúan el aire
tanguero de pasados tiempos. "Cuando la orquesta atacó la última composición,
El tony, los admiradores ya se habían tonificado con el baile,
imperceptiblemente empezaban a moverse en los asientos. Es casi seguro que si se
hubiera dado la voz de aura y de baile general no habría quedado uno solo en su
puesto. El contagio era general. Todo el mundo seguía con interés a los
bailarines y cuando éstos hacían una figura bonita y de efecto, los
espectadores aplaudían de buen grado, estimulando a los tangueros. Lástima
grande fue, que en lugar del frac, no vistieran smoking y que en lugar de
ajustarse a severas instrucciones, no se les dejara en libertad de bailar tal
cual es el tango, porque aparte del estiramiento con que se bailó la primera
noche y hasta cierto punto anoche, todos ellos son excelentes intérpretes,
capaces de dar una sorpresa con sus endiablados y atrevidos movimientos.
"Fuerza es confesar, que la primera noche el tango sufrió un verdadero desastre.
Las indicaciones hechas por quien no conoce estas cosas, le desvió del
verdadero carácter, llegando a escena en forma desconocida. Había perdido su
entidad nacional, para convertirse en un baile sin vida y sin voluptuosidad.
"En la sesión de anoche las bailarinas se desempeñaron admirablemente, pero
estuvieron cohibidas de entrar en mayores expansiones para demostrar habilidades
que el público no conoce. "De todo lo cual se deduce, que el ambiente europeo
en que está impregnado el tango, lo ha devuelto a la patria con otro acento y
otra indumentaria. Su larga permanencia por el viejo continente lo ha hecho
extranjero, de manera que al llegar al seno paterno trae un arrastre de erres
que lo hace casi francés. Así quedó demostrado en la primera audición con la
originalidad y modernización de sus estiradas poses. En nuestro artículo sobre
la historia del tango ya lo hacíamos constar. En efecto, el tango tal como fue
ejecutado anteanoche, puede ser llevado a los salones aristocráticos, pero,
para ello, será necesario cambiarle el nombre, desde el momento que se le
despoja de su carácter movible y atrevido. Podría llamársele danza americana,
por ejemplo, pero nunca el tango. Y decimos danza americana, porque los del
Norte, al llevarlo a sus salones, le han agregado pasos de costado en uno y
otro sentido que lo alejan de sus modalidades. A decir verdad, no es posible
pensar en el resurgimiento a las altas esferas sociales, porque los innovadores
están bregando hacia una solución que no encuadra en lo correcto. El verdadero
tango podrá ser bailado en la intimidad por aquellos que le conocieron e
interpretaron en su origen de lujurioso estilo, pero no para una exhibición
social. Ahora, si se trata de hacer una nueva danza, de similitud más o menos
aproximada, para que la buena sociedad lo interprete, perfectamente de acuerdo,
pero por lo menos que se le cambie de nombre respetando el que le dio origen en
los tiempos pasados. "En cuanto a las composiciones musicales ejecutadas
anoche, ninguna se ajusta al estilo clásico del verdadero tango. Todas ellas
tienen compás de habanera. "El tango fue tango, pero nunca habanera y esto es
precisamente lo que no se dan cuenta los compositores extranjeros que a cada
momento lanzan producciones tangueras. En primer lugar para hacer tango, es
necesario sentir el ambiente y el aire del mismo...". Y bien: para este viejo
sabedor, Bevilacqua componía genuinos tangos. Precisamente, en su historia del
tango el Viejo Tanguero había escrito: "Verdad es también que han desaparecido
los bailarines del pasado y que los mismos autores de tangos -a excepción de
Bevilacqua, Pérez Freire y Solá, por ejemplo- han equivocado la verdadera
armonía y composición de su origen" (6). De todo esto podría inferirse lo
siguiente: 1) Que no sólo el bandoneón por un lado y los inmigrantes por el
otro desamilongaron al tango, puesto que además habrían tenido que ver en ello
los profesores que se fueron a París a enseñar a bailarlo y terminaron
afrancesándolo; 2) Que la influencia de la habanera sobre el tango es tardía y
no se produce sino al final de la primera década del siglo y comienzos de la
segunda. Pero véase cómo ya en 1913 los viejos tangueros se encrespaban contra
los advenedizos, contra los vanguardistas, contra los Piazzollas de su tiempo,
como quien dice.
1. Héctor y Luis J. Bates, La historia del tango, Buenos Aires, 1936, pág. 116.
2. Según los datos que se hallan en la SADAIC, nació el 20 de febrero de 1874.
Su muerte se produjo el 19 de julio de 1942.
3. "El tango, su evolución y su historia", en Crítica del 22 de setiembre de 1913.
4. En Crítica del 25 de setiembre de 1913.
5. En Crítica del 17 de setiembre de 1913 se publicó una breve información sobre
Carlos Herrera que "desde hace algunos días se halla entre nosotros de regreso
de Paris, donde fuera a instalar una academia de tangos". Dice la crónica:
"Inquirimos las causas que originaron tan rápida vuelta, y nos manifestó que en
Paris los franceses y francesas bailan mejor el tango que los mismos
argentinos. El negocio está harto explotado, hay más academias que bailarines al
extremo que llegar á París y titularse profesor de tangos es como decir aquí
conferencista o macaneador. En París había hasta hace poco más de cien
argentinos que vivían dando lecciones de tango, pero tanto se ha difundido el
baile orillero que hoy no hay uno solo que pueda mantenerse con el producto de
las lecciones, ni aun viviendo en el rincón más apartado del barrio de
Montmartre. Con decirle -nos manifestó nuestro informante- que Ducasse vivió
catorce meses y se vino porque aquello se hacía imposible y puedo garantirle que
si no pudo aguantar Ducasse, no hay quien aguante".
6. Se refiere al chileno Osmán Pérez Freire, autor del famoso Ay, ay, ay y
también de buen número de tangos En cuanto a Solá, se trata de Ernesto Solá,
quien -según me informa Luis Adolfo Sierra- fue un compositor de la primera
época, autor, entre otros tangos, de Si te gusta... atracá, Agarrate rana que
hay marejada y Muy de la gotera..., editados por Franceschi, sin fecha.
Colaboración enviada por: tango
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