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CARMENCITA CALDER�
CARMENCITA CALDERÓN
Letra de José Gobello
Musica de Luis Felice
José Gobello: Conversando tangos. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor, 1976.
Con el bandoneonista Luis Felice, le he compuesto un tango a Carmencita Calderón:
Quien más, quien menos, todos hemos escuchado decir que el tango era baile de
hombres solos, que los compadritos lo bailaban formando pareja entre ellos. Pero
no hay que tomar eso al pie de la letra. Eso ocurría en los barrios, a comienzos
del siglo, cuando pasaba el organito moliendo tangos (como diría más tarde
González Castillo). Carriego fijó aquella escena para siempre:
En la calle, la buena gente derrocha
sus guarangos decires más lisonjeros
porque al compás de un tango, que es "La Morocha",
lucen ágiles cortes dos orilleros (1).
Pero en los lugares de diversión era otra cosa y ya en la década de 1880 había
bailarinas de tango. El Viejo Tanguero ha recordado que "La Stella di Roma", en
Corrientes y Uruguay, conocido por el baile de Pepín, fue el primero en
establecerse y el que mayor auge tuvo por la atracción que ejercían las hermanas
Balbina, Rosa y María (2). A la prosapia de aquellas bailarinas, que no creo
fueran criollas, pertenece Carmencita Calderón, que tampoco es criolla (en
realidad se llama Carmen Micaela Risso), aunque haya nacido en Boedo. Carmencita
fue compañera de El Cachafaz, el más ilustre bailarín de tangos, desde 1933
hasta aquella noche del 7 de febrero de 1942 en que don Ovidio José Bianquet fue
derribado por un síncope cardíaco, concluido su show en un recreo de Mar del
Plata. Fue El Tarila quien presentó a Carmen y a El Cacha: José Giambuzzi, por
mejor nombre El Tarila, la había visto bailar en reuniones familiares de Villa
Pueyrredón, donde eran vecinos. Carmen llevaba el baile en la sangre, porque su
padre y su hermano eran tangueros de alma, y la madre no se les quedaba atrás.
Fue, pues, Carmen a ayudar a El Cacha en la academia que el bailarín tenía en la
calle Lavalle y, al poco tiempo sucedió a Isabel San Miguel como partenaire de
aquél. El debut profesional ocurrió en 1933, en un cine de San Fernando (tocaba
la orquesta de Pedro Maffia). Aquella noche surgió la milonguera máxima, que
baila todavía y hace sus primores donde la llamen, ahora con Juancito Averna, un
bailarín que pasea el tango con la devoción de un sacerdote que paseare la
custodia en la procesión de Corpus. Digo que Carmencita Calderón es la
milonguera máxima y lo es por diestra y por innovadora. Siempre tuvo suficiente
personalidad para superar el destino de estampilla del bailarín al que
parecerían condenadas las bailarinas y dio en adornar sus propios pasos con
triplicaciones, caminados y chaireos de su invención, que convierten al baile
del tango, si no en un contrapunto, por lo menos en un diálogo. Y también innovó
la indumentaria. Hasta 1937, las bailarinas vestían con falda larga y volados,
más o menos como las suripantas del cuadro Bailongo, de Figari. Eso fue en 1937.
El Cacha y Carmen bailaban en El Nacional, donde actuaba Azucena Maizani. "La
tenés vestida a lo Vicenta. Ponele pollera corta. Si no se ofende, le regalo
una", dijo Azucena a El Cacha. Carmencita no se ofendió y salió a bailar con una
pollera de lanilla negra y blusa tutankamón. Más tarde fue modificando sus
trajes hasta llegar a los laminados. Nunca, empero, usó falda con tajo al
costado: la abertura de su falda es delantera, sobre la mitad de la pierna
derecha porque, según dice, no hay que mostrar la pierna, sino el paso, que es
otra cosa.
En 1941 Carmen intervino, con El Cacha, en la comedia de Canaro y Pelay La
historia del tango. Ella misma es parte de esa historia, que comenzó hace cien
años en las academias y peringundines donde bailaban las camareras, y el
compadraje, embalado por el alcohol, ponía a los tangos codas de puñaladas. No
digo que Carmencita Calderón es el último vástago de una estirpe bravía, porque
esa estirpe no ha desaparecido. Pero es, sin duda, hasta hoy la más preclara
milonguera, y por eso la hemos cantado en nuestro tango:
Con esa estampa de porteña de una pieza
podés dar dique sobre el patio de ladriyo
en el bailongo querendón del conventiyo
y entre los lujos y los briyos del salón.
1. Evaristo Carriego, Poesías, Barcelona, 1913, pág.: 82.
2. V . pág. 21.
3 Vicenta es la prenda de Juan Moreira, en el drama de Eduardo Gutiérrez.
Carmencita Calderón,
vos sos la piba sin tiempo.
Milonguera de alto rango,
sos eterna como el tango
que te lleva en su compás.
Carmencita Calderón, las baldosas se estremecen
presintiendo tus quebradas,
tus corridas, tus sentadas
y tus cortes
cuando invitan a bailar.
Colaboración enviada por: tango
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